CARTAS A DESTIEMPO

31-05-2014:

14-04-2014:
http://www.hakabooks.com/es/276-cartas-a-destiempo-mariona-masferrer-i-ordis-9788494253706.html

Cartas a destiempo – Mariona Masferrer i Ordís – HakaBooks e-ditions
Novela – Mariona Masferrer – Formato ePub – Disponible en Amazon, Casa del Libro, Fnac, iTunes (Apple iBookstore)

07-04-2014:
Cartas a destiempo editado por Hakabooks en castellano! Qué gracia. La verdad es que Andreu era, originariamente, un inmigrante de la península pero lo hice de las montañas catalanas porque tenía que hablar catalán. Me lo pasé estupendamente traduciéndolo. Se puede comprar en: El Corte Inglés – Todos tus e-Books – Barnes & Noble – Libros.net – Amazon – Apple iBookstore vía iTunes – FNAC – Casa del Libro y próximamente en Google Play Eh!, es un e-book! no vayáis a pedirlo a las librerías!

23-04-2013
Y quien me iba a decir a mí que este hombre me daría tantas satisfacciones! Los lectores me dicen que es una joya, el libro, no Andreu, y yo feliz !

30-10-2012:
Quién le iba a decir a Andreu que sus cartas llegarían a destino y tendrían respuesta! Me llegan mensajes congratuladors que me reconcilian con el carácter huraño de este personaje al cual califican de entrañable.

23-07-2012
link del video-sinopsi del e-book, o sea  libreo-electrónico o e-llibre. La idea original es de Mariona Masferrer y Guillem Cárcoba. El guión, dirección, iluminación, sonido, cámara y montage es de Diego Cárcoba. El actor es Miquel Gardella.

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25 de mayo de 2012:
Por fin esta novela corta verá la luz!  Lo hará en formato digital, Hakabooks editará un e-book, o sea un libro por Internet. También haremos algunos ejemplares en papel. Todo esto será muy pronto. Todos los capítulos son cartas que comienzan el 5 de mayo de 2008 y terminan el 5 de agosto de 2010. Éste es uno de ellos:

Vallsoliu, 8 de Mayo del 2008

Querida Leonor,

Son las nueve de la mañana. Si tú estuvieses aquí olería a café y tostadas, estaría puesta la mesa de la cocina con botes de miel y mermeladas, habría rosas frescas en un jarrón y la luz del día entraría a raudales por las ventanas. Por contra todo está oscuro, las rosas se marchitan en la valla del jardín, la mesa no está puesta, no hay café, la mermelada tiene moho, el bote de miel está pegado al estante y toda la casa huele a tostadas quemadas. ¡Vaya mierda! Podría ir al bar, pero me tendría que vestir y a mí me gusta desayunar en pijama y zapatillas. Una mierda.

Leo todavía no me ha dicho nada. Anna me llamó desde Perpignan para echarme la bronca; según ella todo es culpa mía y yo debería cambiar. No es verdad, no es culpa mía y, además, no podría cambiar aunque quisiera, ya paso de los setenta (de eso sí que me acuerdo porque los huesos me lo traen a la memoria), ¿cómo quieres que cambie con la edad que tengo? Nos enfadamos y acabamos gritando. Me dijo que no me llamaría hasta que pida perdón. Según ella, Leo se “sacrificó” por mí, ¿qué te parece?, “¡sacrificar!” Cuando tú te moriste, dejó un pisucho rancio compartido con dos solteronas, que si la una era fea y desagradable la otra aun más, para venir aquí donde tiene de todo y puede hacer lo que le de la gana sin dar explicaciones a nadie y ahora resultará que lo dejó “todo” para cuidarme a mí. ¡Pero si no hacía nada! Siempre ha sido un desastre para la casa, esa muchacha; no te diré que no valga para otras cosas, pero para la casa… croquetas congeladas y una lechuga de bolsa que aquello no es ni lechuga ni nada, ¡todo tiene sabor a plástico! Y las camisas, que Anna dice que Leo volvió a casa para que yo comiese caliente y tuviese las camisas planchadas, pues un guiñapo en el cesto de la ropa sucia; me las hacía cambiar para echarlas al cesto y ahí se quedaban días y días… Además, ¿en qué la molestaba, yo?, si me pasaba las horas fuera de casa; hasta el uno de Mayo que cumplí los años y me jubilé definitivamente, ¡me pasaba el día en el trabajo, yo! ¡Si no paraba en casa, yo! ¡Hasta que entregamos la llave del último chalé adosado de la calle Fontetes, me pasaba el día arriba y abajo, yo! Para freír croquetas congeladas, aliñar cuatro hojas de plástico (quiero decir de lechuga) y planchar un par de camisas, montaba unos saraos que ni te imaginas; me gritaba por cualquier cosa, ¡siempre vociferando! Eso cuando le veía el pelo, que no era casi nunca porque parece que la casa le queme a esa muchacha. ¡Y según su hermana le tengo que pedir perdón! ¿Quien es ella para decirme lo que tengo que hacer? Tus hijas están como un cencerro las dos, una se queda preñada de un budista y la otra se va a correr mundo con un saltimbanqui. ¡Estamos arreglados!

Menos mal que la vecina me trae un poco de estofado, que si fuera por ellas me podría morir de inanición. Había pensado llevarle un cestito de fresas a cambio del estofado, pero he estado esperando que saliera su marido a sacar al perro (una mierdecilla de perro insolente como el solo) y no han pisado la calle, debe de tener la vejiga a reventar, la pobre bestia, yo que había cogido las fresas pensando en ella (en la vecina, no en la bestia); es igual, me las zamparé para el almuerzo y mañana ya cogeré otras; es la única cosa que está esplendorosa en la huerta, las fresas, como van por libre, pues mira, ellas solitas se van haciendo, en cambio el resto está un poco atrasado… bastante atrasado… muy atrasado. La verdad es que pensaba dejarlo perder todo.

Ahora iré a vestirme para salir a la calle a ver si me aireo y de paso le diré a Juanito, el del bar, que prepare un pan con tomate.

Antes de morirte hubieses podido explicarme como funciona la lavadora, porque si cada vez que ensucio los calzoncillos los tengo que tirar, la pensión me llegará al tercer día del mes. ¿Dónde demonios guardabas los papeles de las instrucciones? 

Ya ves como están las cosas. Tanto querer que me jubilase y cuando estaba a punto de hacerlo, ¡vas y te mueres! Ahora que podríamos estar la mar de bien tú y yo… ¡Eh, Leonor no me pongas caras! Te estoy mirando en la fotografía de la boda (aquella que es falsa, ya sabes, aquella) y estás poniendo cara de incrédula; una cara como… si estuvieses riéndote de mí y eso no me hace ninguna gracia. No te entiendo, ¿acaso no estaríamos bien, tan tranquilos, los dos en esta casa? En fin, ya me lo explicarás otro día.

No tenías que haberte muerto, me tocaba a mí primero. Ya sabías que yo solo no sé hacer nada. No seas rencorosa y échame una mano. Hasta pronto,

Andreu

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